El Concepto de LIMITE como posibilidad de Estructuración Subjetiva y Social: "Sobre El Malestar en la Cultura"

Texto escrito en el año 2005, como trabajo a presentar en Diplomado "Psicoanálisis e Instituciones" realizado en Escuela de Psicología, Universidad de Chile" 

I.- INTRODUCCIÓN 

 ¿Por qué un Psicoanalista trabaja en una Institución? 

 Para responder a esta pregunta se realizó, en primer lugar, un recorrido a partir del texto de Sigmund Freud “El Malestar en la Cultura”, en el cual explica la relación que se establece entre individuo y cultura. De este texto se seleccionó una de las principales dificultades que, según el autor, se presentan para resolver esta situación: el Conflicto Familia–Comunidad Social. Para entender este conflicto, se acudió al concepto de Metáfora Paterna, que Jacques Lacan desarrolla a partir del Complejo de Edipo. 

Uno de los aspectos relevantes del concepto de Metáfora Paterna es que establece funciones psíquicas, lugares, que trascienden lo concreto del padre y de la madre reales, de la situación edípica, permitiendo pensar las problemáticas psicológicas y sociales desde otra perspectiva. 

Lo importante de destacar en este recorrido es el concepto de “límite”. Este tema se trabaja de distintas maneras tanto en S. Freud como en J. Lacan. Más allá de cómo lo planteen en cada situación particular, interesa señalarlo como algo necesario en la estructuración subjetiva y social. 

Desde el concepto de límite se realizó un análisis acerca de la relación del Sujeto con las Instituciones, de las diversas posibilidades que puede tener este vínculo y de las alternativas de participación de cada persona en éstas. 

“SOBRE El Malestar en la Cultura” 

En el texto “El Malestar en la Cultura”[1],escrito en 1929, Sigmund Freud se pregunta por la búsqueda de felicidad en el ser humano y por la posibilidad de encontrarla. Plantea que, en el individuo, el que busca este objetivo es el principio de placer. Incluso dice que este principio insiste en conseguir la felicidad, aún cuando se encuentre en pugna con el mundo entero: “Este programa ni siquiera es realizable, pues todo el orden del universo se le opone, y aun estaríamos por afirmar que el plan de la «Creación» no incluye el propósito de que el hombre sea  «feliz»”[2]    
                                                               
 ¿Por qué al ser humano le cuesta tanto ser feliz? 

Existirían tres fuentes de sufrimiento: la supremacía de la naturaleza, la caducidad del propio cuerpo y las dificultades para regular las relaciones humanas. Aún cuando el ser humano intenta controlar las dos primeras, éstas serían inevitables. La última es difícil de aceptar, ya que cuesta entender por qué, si las instituciones en las que se desarrollan estas relaciones fueron creadas por el propio ser humano, no ofrecen protección ni bienestar. Freud describe a la CULTURA como: “la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines: proteger al hombre contra la Naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí”[3]  

Hasta aquí, el problema a considerar se vincula con la manera que tiene el ser humano para regular sus relaciones, en cuanto a las dificultades que encuentra para hacerlo y en tanto las producciones e instituciones, constituyentes de la cultura, tendrían esta función. 


¿Por qué existe la necesidad de regular las relaciones entre los seres humanos? 

Esta regulación tiene que ver con el hecho de que en todo grupo humano es necesario reunir a una mayoría más poderosa que cada individuo en particular, de modo que el poder de la comunidad se enfrenta como “derecho” frente a la “fuerza bruta” del poder individual. Para que esto suceda, es necesario que cada miembro de la comunidad restrinja sus posibilidades de satisfacción

Aquí, entonces, se encuentra la primera restricción: individuo-comunidad. 

Si bien esta sustitución representa el paso decisivo a la cultura, tiene como consecuencia que la libertad individual dejaría de considerarse un bien cultural. 

Freud analiza la cultura desde los inicios del hombre primitivo y de la instalación de la primera ley y los preceptos del tabú, planteando que, desde un principio, el objetivo de crear cultura fue facilitar la vida en común a un mayor número de seres humanos. 

¿Cómo esta cultura deja de hacer felices a sus miembros? 

La unión entre individuo y cultura no es fácil. Hay factores que la complican: 

· Conflicto: La familia no siempre está dispuesta a renunciar a “su” individuo. Mientras más íntimos son los vínculos entre los miembros, más difícil es el ingreso a lo social. 

·Distribución de la libido: Se debe sustraer de la sexualidad parte de la energía psíquica para sostener la cultura. Para esto se imponen restricciones desde la infancia, que preparan para la vida adulta. Se restringe la vida sexual con el fin de crear lazos libidinales con fin inhibido, que vinculen a los miembros y refuercen los vínculos amistosos. 

· Fase del totemismo: La instalación del tabú, la ley y las costumbres establecen nuevos límites. 

Además de lo anterior, el ser humano presenta altos niveles de agresividad, que se satisfacen en otros y perturban las relaciones. Para coartar la agresión se instala la conciencia moral, la culpabilidad y la necesidad de castigo, que constituirían el super-yo.  Es decir, se debilita al individuo, vigilándolo a través de una instancia interna. El ser humano se siente culpable al hacer algo “malo”, o bien, al tener la intensión de hacerlo: Nada puede ocultarse al super-yo, ni siquiera los pensamientos. El sentimiento de culpa es el más importante de la evolución cultural y el costo que conlleva es la pérdida de felicidad. 

El mayor obstáculo cultural sería la tendencia constitucional de los seres humanos a agredirse mutuamente. Los sacrificios impuestos por la cultura, a la sexualidad y agresividad, permiten comprender las dificultades para alcanzar la felicidad. 

En base a lo anterior, los fenómenos vitales se explicarían desde la interacción de una energía libidinal que reúne y una energía de destrucción que desarma. La cultura estaría al servicio de Eros, quien condensaría a los individuos, las familias, las tribus, los pueblos y las naciones. Esto se vincula libidinalmente, ya que ni la necesidad, ni la comunidad de trabajo, tienen más fuerza que la libido para unirlas. 

La agresividad, entonces, sería el mayor obstáculo con que tropieza la cultura para conformarse y mantenerse. Desde aquí se entiende la evolución cultural como la lucha de la especie humana por la vida. Lo que Freud plantea en este texto se relaciona con el conflicto entre principio de placer y principio de realidad. En este sentido, el individuo se vería coartado por la realidad impuesta culturalmente. 

Así, se instalarían barreras que impedirían justamente lo planteado al inicio: el encuentro de la felicidad, buscado por el principio del placer. 


CONTINUAR LEYENDO EN: "EL COMPLEJO DE EDIPO Y LA METAFORA PATERNA"

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